Tu pareja dice que roncas fuerte y que a veces pareces “ahogarte” mientras duermes. Te despiertas cansado a pesar de dormir 8 horas. Durante el día tienes somnolencia, niebla mental y te cuesta concentrarte. Esta combinación tiene un nombre: apnea obstructiva del sueño, y es mucho más común de lo que se piensa — y más seria de lo que muchos creen.
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¿Qué es la apnea del sueño?
La apnea del sueño ocurre cuando la vía aérea superior se colapsa parcial o totalmente durante el sueño, interrumpiendo la respiración por 10 segundos o más, repetidamente durante la noche. Cada episodio provoca una microdespertar (aunque no lo recuerdes) y una caída en los niveles de oxígeno en sangre.
Existen tres tipos:
- Apnea obstructiva (AOS): La más común. El tejido blando de la garganta colapsa y bloquea el paso del aire.
- Apnea central: El cerebro no envía la señal correcta a los músculos respiratorios. Menos frecuente.
- Apnea mixta: Combinación de ambas.
Síntomas más comunes
- Ronquido fuerte, especialmente si alguien más lo reporta
- Pausas en la respiración durante el sueño (observadas por otra persona)
- Despertar con sensación de ahogo o boca muy seca
- Cansancio extremo durante el día a pesar de horas de sueño suficientes
- Dolor de cabeza matutino
- Dificultad para concentrarse, irritabilidad
- Somnolencia al manejar — señal de alarma importante
¿A quién afecta más?
La apnea es más frecuente en hombres, personas mayores de 40 años, personas con sobrepeso u obesidad (el exceso de tejido alrededor del cuello estrecha la vía aérea), quienes tienen cuello ancho (más de 40 cm en mujeres, más de 43 cm en hombres), fumadores y personas con hipertensión no controlada.
¿Por qué tomársela en serio?
La apnea no tratada multiplica el riesgo de hipertensión, arritmias cardíacas (especialmente fibrilación auricular), infarto, accidente cerebrovascular, diabetes tipo 2 y depresión. También aumenta el riesgo de accidentes de tráfico por somnolencia.
Diagnóstico: el estudio del sueño
El estándar de oro es la polisomnografía — un estudio que se realiza en un laboratorio del sueño donde se monitorean ondas cerebrales, esfuerzo respiratorio, saturación de oxígeno, flujo de aire, frecuencia cardíaca y movimientos. Hoy también existen equipos portátiles de monitoreo domiciliario que permiten diagnóstico en casa.
El resultado se expresa como Índice de Apnea-Hipopnea (IAH): número de eventos por hora de sueño.
- IAH 5–14: apnea leve
- IAH 15–29: apnea moderada
- IAH 30+: apnea grave
Tratamiento: el CPAP
El CPAP (presión positiva continua en la vía aérea) es el tratamiento de primera línea y el más efectivo para la apnea moderada a grave. Es una máquina que genera un flujo constante de aire a través de una mascarilla, manteniendo abierta la vía aérea durante toda la noche.
El mayor reto del CPAP es la adherencia — muchos pacientes lo abandonan en las primeras semanas. Consejos para adaptarse:
- Usar la mascarilla durante el día un rato para acostumbrarse
- Elegir el tipo correcto de mascarilla (nasal, oronasal, almohadillas nasales)
- Ajustar la presión correctamente — un CPAP auto-ajustable (APAP) es más cómodo
- Usar el humidificador integrado para evitar sequedad
Otras opciones de tratamiento
- Dispositivo de avance mandibular: Aparato dental que adelanta la mandíbula. Útil en apnea leve a moderada o intolerancia al CPAP.
- Pérdida de peso: Reduce significativamente la severidad y puede resolver la apnea en casos relacionados con obesidad.
- Posición al dormir: En apnea posicional, evitar dormir boca arriba puede reducir los episodios.
- Cirugía: Para casos seleccionados con anatomía específica (amígdalas grandes, desviación de tabique, etc.).
→ Guía completa de trastornos del sueño
Este artículo es informativo. El diagnóstico y tratamiento de la apnea del sueño requieren un médico especialista en medicina del sueño o neumología. Lee nuestro aviso médico.

